viernes

Una vez escuché a mi abuelo decir: "En una relación siempre hay alguien que va a dar más.


 Una vez escuché a mi abuelo decir: "En una relación siempre hay alguien que va a dar más. Siempre hay un sumiso y uno que domina, y generalmente el sumiso es el que termina queriendo más". En ese juego de palabras no entendí nada y le pedí que me explicara.

A lo que me cogió de la mano y me dijo: "Mirá hijo, en una relación siempre hay alguien que va a perdonar lo imperdonable, aguantar lo inaguantable, a aceptar lo inaceptable y lo peor de todo, a justificar lo que nunca tendría explicación.
A esa gente le toca amar el doble, y aunque muchos juzgan esa manera de amar que podría carecer de amor propio, es el amor que está más lleno de esperanza. Porque entre cada perdón, cada "yo voy a aguantar un poco más".
Hay una gota de esperanza que dice: "intenta otra vez más que en esta puede que la persona que tanto quieres cambie". De esto se habla mucho y quizá esto es lo que vayas a ver en la vida. Alguien queriendo por dos.
Y nunca te atrevas a juzgar a esa persona porque ella misma libra una batalla entre amarse así misma ó amar al otro. Porque algo que es muy difícil de encontrar es alguien que te permita amarlo sin dejar de amarte ".
A lo que yo respondí: " Ahhh, entiendo, pero ¿esa persona nunca se cansa de amar de esa manera tan cruel?, Recuerdo que él me sonrió y me dijo: "esa es la mejor parte, porque esa persona deja de amar y la otra persona se da cuenta que perdió la demostración de amor más grande que haya podido encontrar. Y créeme que eso es lo peor que le puede pasar a alguien, tener el amor más fiel en frente y distraerse mirando corazones pasajeros.
Me abrazo y me dijo: "Le pido a Dios que nunca encuentres a alguien así, pero le imploró que nunca seas la que somete a la otra mendigando amor".
Reconozco que perdonar no es fácil. El dolor y otros malos sentimientos no desaparecen de un día para otro. Necesitamos la ayuda de Jesús. Todo comienza cuando estamos dispuestos a perdonar. Y el perdón de Dios es nuestra gran motivación para perdonar.
El primer paso para perdonar es recordar todo lo que Dios nos perdonó.

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